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Reseña literaria:
Puede sonar extraño, incluso sarcástico, que un hombre haya fallecido en tres ocasiones. La primera, tras ver morir a sus hijas a los pocos días de nacer; la segunda, en pleno viaje de reflexión, cuando la prensa anunció su suicidio y su esposa y su suegra lo reconocieron en el cadáver; y la tercera, al aferrarse a una nueva identidad, sabiendo que su familia ya lo había dado por muerto, y enfrascarse en la tarea de enterrar a Adriano Meis —el nombre que él mismo se impuso—.
Todo este peso recae sobre El difunto Matías Pascal, el inolvidable protagonista de la novela del escritor y filósofo italiano Luigi Pirandello.
La vida de Matías Pascal se vuelve diluvial desde que abandona su pueblo, ese lugar donde solo su madre —ya fallecida— y un reverendo amigo lograron quererlo de verdad, acogiéndolo en la biblioteca donde trabajaba tras su regreso. Sufrió siendo Pascal tanto como siendo Meis, porque su alma, errante de un sitio a otro, era incapaz de experimentar un amor real que se apiadara de su espiritualidad, aunque esta lo pidiera a gritos.
Siendo un «difunto» que aún respira entre páginas, les deseo una feliz lectura… y, tal vez, un buen encuentro con sus propios fantasmas.
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